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Reseñas de Manual de tolerancia de Héctor Abad Gómez y El olvido que seremos de Héctor Abad Faciolince.

(Trailer de la cinta El olvido que seremos de Fernando Trueba. El País de España.)

Por Juan Pablo Plata @jppescribe

A continuación dos reseñas. Una del libro Manual de tolerancia de Héctor Abad Gómez (Médico epidemiólogo Colombiano) y otra de Héctor Abad Faciolince, protagonista de la novela literaria El olvido que seremos. Adaptada ahora al cine por el director Fernando Trueba (Caracol Televsión, Dago García Producciones y Film Factory Entertaiment). 

Manual de tolerancia.

 Héctor Abad Gómez. 

Angosta Editores. 

Palabras de una vida decorosa

Manual de tolerancia es hoy, antes que nada, el libro del padre del que se habla en El olvido que seremos de Héctor Abad Faciolince. Es un libro sin instrucciones para sobrellevar a los otros y lo que son, a pesar del título. Una colcha de retazos de pensamientos sobre variados temas compone un volumen que permite una lectura desordenada de los fragmentos o la cotidiana de la primera a la última página.

Algunas partes discurren sobre el origen de la pujanza antioqueña, la influencia del clima en las acciones humanas, la creación artística, la sanidad civil y la vocación médica. Con todos estos temas tratados en algunos pasajes, el eje libro es la tolerancia entre religiones y posturas políticas y científicas. Los fanáticos en estos asuntos son desdeñados por el autor quien no deja de señalar los desmanes a que llevó ese tipo de comportamiento en el siglo pasado con monstruosidades como el Holocausto judío. Dice de los fanáticos Abad Gómez: "El fanático es el que no admite explicaciones, ni oye razones de los demás. Es el que se cierra mentalmente al diálogo y no admite emocionalmente la posibilidad de estar equivocado. Esta actitud, aunque aparentemente firme, revela más bien una íntima inseguridad y un escondido temor de no tener la razón". El fragmento anterior permite comprobar las palabras del hijo en El olvido que seremos cuando dice que su padre se educó en la escuela pragmática-"Mi papá se había formado en la escuela pragmática norteamericana...no había leído nunca a Marx, y confundía a Hegel con Engels"-, sobre todo, si cotejamos las frases con una de El club de los metafísicos. Historia de las ideas en América de Louis Menand: "Hablando con propiedad, no hay ninguna certeza, sólo hay gente que está segura". Así mismo, para Abad Gómez el problema no es la adopción de una creencia religiosa o de una ideología sino su desproporción, su fanatismo que desencadena injusticias. Sugiere para hacer frente a los fanáticos un término medio, en correspondencia con su acuñado "mesoísmo" en todas las cosas de la vida, es decir, un centro en que se tiene una visión del mundo escogida pero se respeta otras y no se llega a extremos o al autismo ni a la "miserable imperturbabilidad de los mediocres". Valga decir que él es consciente que su "mesoísmo" es un parafraseo y actualización del "aurea mediocritas" de Virgilio y el "justo medio" de Aristóteles; una exaltación del hombre promedio frente al genio y la posición de la mitad frente al demente sectario. Veamos una última cita del Manual de tolerancia para ejemplificar la acritud del autor ante los conformistas y los fanáticos en aras del "mesoísmo": "La gente se convence muy fácil de que las condiciones que la favorecen deben permanecer inmutables. Así se van creando ideologías inflexibles sostenidas por los grupos privilegiados que conservan el poder y el orden constituido, que no admiten la posibilidad de que existan otras formas sociales mejores. Contra esa reacción conservadorizante surgen los sostenedores de un cambio radical y absoluto, los forjadores de sociedades utópicas, los inflamados por el deseo de justicia, que predican la sustitución de cierto estado de cosas por otro totalmente diferente. Así va avanzando la historia".

Para cerrar quiero expresar que el libro produce la misma impresión entrecortada de ver la polarización política existente en el país y en el mundo, al tiempo que uno recuerda cómo algunos colegios públicos en Bogotá fueron nombrados en homenaje a líderes sociales y de izquierda asesinados en las décadas pasadas (Orlando Higuita Rojas, Bernardo Jaramillo Ossa, Eduardo Umaña Mendoza), a guerrilleros (Carlos Pizarro León Gómez), y a un magistrado (Alfonso Reyes Echandía) muerto en los hechos de la toma del Palacio de Justicia, por igual. Tal vez las palabras condensadas en este libro de Abad Gómez, quien creó la Escuela Nacional de Salud Pública y el servicio rural obligatorio para médicos, sean unas de las tantas que necesitamos oír y leer en una sociedad polarizada y con una guerra cruenta que no para en Colombia.

El olvido que seremos

 Héctor Abad Faciolince. 

Bogotá, Alfaguara.

Elogiado por grandes figuras literarias como el peruano Mario Vargas Llosa y los españoles Rosa Montero, Fernando Savater y Enrique Vila-Matas, este libro híbrido entre ficción y no ficción, entre novela y memorias, no cae en la hagiografía ni en la mejora de la historia del padre, antes bien, con llaneza en el lenguaje, sin dejar de ser poética, la voz narrativa y el autor nos cuentan su historia mínima con pequeños brotes emotivos que permiten ver los defectos y virtudes de los otros, esto es, del médico y profesor universitario Héctor Abad Gómez (autor de Manual de tolerancia), caído de manera violenta por manos de los paramilitares el 25 de agosto de 1987. Es una historia que ha probado ser a su antojo la historia colombiana condensada en una familia y en la vida del progenitor del columnista y asesor editorial del diario El Espectador, el señor Héctor Abad Faciolince.

La historia también ha llegado a ser universal como lo prueba su edición en muchas lenguas y la acogida crítica, además de la premiación por sus méritos artísticos y contenido humanista, como ocurrió con el Premio Casa de América Latina en Portugal. Así pues, la consigna de León Tolstoi de “pinta tu aldea y pintarás el mundo” es efectiva. Hermanos del libro son La flor de la esperanza (remembranza de su madre, Gloria Lara, secuestrada y asesinada por un incipiente y oscuro grupo de izquierda) de Luz Echeverri y Lara (sobre el asesinato del combativo Ministro de Justicia huilense, Rodrigo Lara Bonilla, asesinado por grupos del narcotráfico) de Nahum Montt (Alfaguara).

Habría que decir sin afectaciones: El olvido que seremos es el repaso por la vida de una familia de clase media, pero sobre todo, de la vida de un hombre que fue asesinando, como muchos más, por vivir por nobles ideales como la realización práctica de los Derechos Humanos, la masificación de buenas condiciones sanitarias y por ende la salud y la igualdad y por desvivirse por terceros; por hablar por los que no tienen voz y pedir mejores condiciones de salubridad y justicia social, en vez de perseguir una vida llana, voluptuosa, sin protestas ni tomas de partido por nada. La vida de un hombre contradictorio, de ideas de izquierda que vivía, tal vez, sin saberlo, bajo un accionar utilitarista en el mejor sentido la palabra otorgado por Jeremy Bentham: repartiendo la mayor cantidad de felicidad entre la mayor cantidad de personas posibles. Pasan por la historia: un arzobispo, una monja, el expresiente Álvaro Uribe Vélez, la Medellín de las décadas comprendidas entre 1960 y 1980; una hija y hermana, Marta Cecilia Abad, quien murió de cáncer y es también rescatada de la preterición causada por el tiempo, además de unos poemas hasta ahora inéditos de Jorges Luis Borges, de donde sale el título del libro que nos atañe. Un libro con una clara invitación a ganarle las múltiples batallas al olvido de nuestra historia local para así ganarle la guerra a la guerra y de verdad tener paz y mucha tolerancia. Hace rato no decían tanto las palabras.

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