Por Juan Pablo Plata. Escritor y editor de Colina Revista.

En el fondo y en la superficie del conflicto armado colombiano siempre han estado:

1. La falta de participación y representación política de muchos sectores sociales.

2. La censura, es decir, la falta de la libertad de expresión en varias gradaciones entre la población civil y en los medios de comunicación tradicionales y alternativos.

3. La desposesión de la tierra por el Estado, entes privados y grupos armados de sus dueños originarios e históricos.

4. Las necesidades básicas no cubiertas en una democracia en las clases menos favorecidas en el campo y en la ciudad, esto es, lo que muchos llaman una grave falta de justicia social.

5. La aún no consolidada separación entre el Estado y las organizaciones religiosas.

6. La violencia promovida por la defensa de ideologías locales y foráneas que se adaptan a la idiosincrasia local.

7. La impunidad ante crímenes de Estado y en crímenes cometidos por ciudadanos de múltiples extracciones sociales.

Porque si un ciudadano vive en una república democrática y capitalista, lo mínimo que espera es que la propiedad privada y la vida sean sagradas, protegidas y preservadas por todos, además del Estado.