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Bariz naranza. Por Manolo Gómez Mosquera. Cuentos.






Hojas barcas
(Muestra del libro)
Por Manolo Gómez Mosquera 
(Silver Editions. Bariz Naranza)
Sobre líquido en reposo, flotan con relativa calma, las hojas secas que del cielo caen. El tenue movimiento del agua las mece de proa a popa, arrullándolas para un sueño que se madura en amarillos.
Sobre ellas, navegando, acompañados por la brisa solitaria que mana en cada extremo del lago: pescan los peces. Y los peces, con una tranquilidad envidiable, risueños con el azul sereno que abunda en el estanque natural, preparan sus varas para pescar a los hombres. Los hombres se cruzan como flechas perezosas en la fangosa profundidad celeste de un mundo relleno con cruces y las cruces cubiertas de algas y olvido, en ciertas ocasiones enredan los anzuelos que los pescadores camuflan con un trozo de pan.
El pan, con apariencia de divina ilusión entre la densidad del agua, es el único motivo por el que luchan los débiles, flacos, pequeños hombres en la miseria en las aguas sucias amargas y opacas de sus desgracias; la realidad es que son la mayoría en el estrecho lago.
El lago posee su guardián. Es un pez viejo, barbado, cansado, al que los intrigados pescadores le preguntan a gritos desde el centro de las aguas reposadas: 
¿Cómo hacer para atrapar a los más grandes, fuertes, gordos?, ¿cómo seducir a los que nadan cerca de la corriente de lo material y se pasean gloriosos indiferentes ante los débiles?, ¿qué carnada utilizar con ellos?
Y ellos callan en sus barcas amarillas esperando la respuesta del viejo guardián. El viejo guardián les responde rompiéndoles el aire mudo no sin antes sonreírse, frotar sus sufrías aletas, peinar sus brillantes escamas y preparar su ronca voz para gritar:
¡Póngales un dólar: el dinero los vuelve locos!

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