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Entrevista a Diego Calle Cadavid. (Escritor Colombiano)


(Entre. Foto: Silver Editions. Copyright)

Diego Calle Cadavid. Cali, Colombia, 1964. Abogado de la Universidad del Cauca. Juez de Familia. Ha publicado Más allá del dolor. Maltrato infantil y violencia doméstica. Una realidad que nos compete a todos y A plena luz y otros cuentos. Finalista concurso departamental decuento Humberto Tafur Charry Neiva Huila. 2009 con el cuento infantil El oso mayor; y en el concurso nacional de microcuento Rodrigo Díaz Castañeda en Palermo Huila, con el micro relato La Parca.

Por Juan Pablo Plata.

¿Cuáles fueron sus lecturas literarias iniciales y desde cuándo escribe y por qué?

El primer libro completo que recuerdo haber leído fue Las siete vidas de Midas, escrito por Susana de Ariza. Tenía unos 9 años, y mi mamá, que era buena lectora, al igual que mi papá, compraba la colección del Instituto Colombiano De Cultura, y allí lo publicaron. Valían $3 cada ejemplar, y en la casa podía faltar la comida, pero no el tomo semanal, que ella encargaba en una miscelánea cercana.

Luego fueron los autores del costumbrismo, José Manuel Marroquín, Caballero Calderón, etc.

Realmente en mi casa hubo un impulso muy grande para que leyera, con lo que conocí a Tolstoi a Dostoievski, a Gabo y a tantos otros, contando con los bet sellers americanos, que fueron de moda en mis años de juventud, y que el Círculo de Lectores vendía a plazos.
Así como uno lee desde que aprende a leer, escribe desde que aprende a escribir. Lo que pasa es que sólo con el tiempo se pierde la vergüenza, y se deja conocer algo de lo que se escribe.
Escribir es algo que nace con uno, lo que no quiere decir que a la vez nazca el talento. Es que somos atrevidos, y aun faltado el talento, nos atrevemos a escribir, porque escribir es una forma de hablar en silencio, al menos al principio.


¿Cuáles son sus temas recurrentes y cuáles espera explorar en sus libros en el futuro?

Quienes se han atrevido a leerme, dicen que indudablemente en mis escritos, que no son muchos, al menos los que he dado a conocer, el tema recurrente es la muerte. Debe ser, digo yo, porque la muerte es parte de la vida, es recurrente por naturaleza, pero en nuestro medio lo es también por imposición de una cultura que se formó en el concepto que las ideas, las deudas de cualquier naturaleza y las convicciones, se reclaman con la desaparición del otro.

Como decía, al no tener una formación literaria, no me es fácil hacer un esquema mental en tal sentido. Además a mí el futuro me gusta dejarlo para después.

¿Qué influencias reconoce en sus escritos y a su vez a cuales cuáles ha rechazado?

Debo decir que no he tenido una formación literaria definida. Hubo en mí un empirismo en las letras, con lo que no se dio un proceso sistematizado, elaborado, en el que fuera desarrollando un conocimiento mejor de la literatura. Podría decir que mi influencia está más en autores como Gabriel García Márquez, que considero son más de la creación que de la erudición. Que sin negarles un bagaje académico, y de conocimientos, obedecieron mucho más a la inspiración que a la construcción enciclopédica. Por eso mismo no puedo decir que en lo que he escrito se pueda encontrar mucho, dado que he escrito más con el deseo que con la capacidad, y si algo resulta rescatable, se lo tendría que agradecer a la sensibilidad antes que a la formación literaria.

De lo que se rechaza no se puede señalar de manera directa, pues los principios y valores, y la forma de ver la vida, hacen que el cerebro sin necesidad de conciencia se niege a lo que nos repugna y lo que hiere nuestra sensibilidad. Es decir, creo que uno nunca se sienta a pensar qué rechaza en su forma de actuar, ello simplemente se da, sin proponérnoslo.


¿En qué le ha servido el derecho, el ciclismo, el ser padre, hacer radio con causa social, a la hora de escribir?¿Tiene algún tipo de manías o necesidades espaciales para escribir?¿Qué opinión le merecen asuntos como los derechos humanos, el maltrato intrafamiliar y demás violencias?


Más que el derecho en sí mismo, es la actividad judicial la que puede nutrir de historias, de formas de ver la vida, de sensaciones y de emociones, que en mucho pueden aportar a un trabajo literario.

La bicicleta, el mejor vehículo jamás construido por el hombre, no sólo lleva nuestro cuerpo a los lugares, sino nuestra mente. Nos deja ver, pero más que ver, sentir y percibir muchas cosas, que llenan el espíritu. Nos regala lugares, paisajes, momentos, climas. El ciclismo es necesariamente sacrificio, y la literatura también lo es. Las metas en uno y en otra parecen inalcanzables, pero con esfuerzo y perseverancia se van alcanzando. Y en ambos, las metas son individuales, son las que uno se propone, pero tienen que ver con lo que cada uno puede dar. Por eso no son elementos de comparación para con otros, sino para con uno mismo. García Márquez o Gabriela Mistral, ambos fueron premios Nobel  es decir, que los dos lograron metas muy altas, pero eso no niega el valor de las metas de otros, así no sean de igual dimensión, porque ellas significaron el valor de alcanzar algo.
El ser padre es una experiencia subliminal, que nos lleva a crecer, a saber que podemos producir, pero nos impone un compromiso con lo producido, porque es una responsabilidad, como lo es lo que escribimos. La radio me llevó a comunicarme con otros, a aportar algo que podía saber o podía investigar, y a saber que tenía que tener cuidado en lo que expresaba, porque podía impactar vidas de manera positiva o negativa, igual que con lo que se escribe.

Usted ha escrito novela. ¿En qué cambian los mecanismos a la hora de escribir novela o cuento?

Digamos que he intentado hacerlo. Es una dinámica distinta. El cuento logra hacerse en muchas ocasiones de un solo aliento, obviamente dedicando luego tiempo a su consolidación, pulimento, etc. Las narraciones largas se hacen de a poco, con lo que hay que tener mayor celo para mantener un ritmo, y se da más oportunidad de enderezar el camino por así decirlo, o mejor, variar perspectivas, tiempos, espacios. Me parece, y puedo ser atrevido, que el cuento nace del corazón en un alto porcentaje, mientras que en la novela o la narración larga, el porcentaje mayor es el de la razón.

No quisiera ser irrespetuoso con quienes piensan distinto, pero eso me parece que es más de los mitos que se crean para magnificar el trabajo del escritor. Aunque yo no me considero un escritor propiamente, sino un ciudadano que pretende dejar en el papel lo que la mente puede olvidar. De hecho la escritura se hizo para eso, para liberar el disco duro de la cabeza de una cantidad de cosas, y no dejar que ellas se perdieran por culpa del olvido.

Que su ocurrencia tan generalizada se convirtió, en mala hora, como caldo de cultivo para construir historias. Aun eso, la literatura se puede convertir en una forma adecuada de mostrarlos, rechazarlos y hasta hacer pedagogía, aunque esto último no es función propiamente de ella, pero termina sirviendo para desnudar realidades y hacer que se pongan los ojos sobre ellas. Un dolor, si es bien mostrado, puede servir para aliviar a la víctima y evitar nuevas víctimas.


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(Portada por Mateo Posada Zea)



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